lunes, 30 de julio de 2012



A fuerza de golpes y trabajo en equipo, el Roller Derby, un deporte yankee de mujeres sobre patines, se instaló y crece en la Argentina de la mano de la liga 2x4.

Txt. Mijal Iastrebner - @mijebner Ph. Ezequiel Sambresqui

Las jugadoras recorren a toda velocidad la pista ovalada al ritmo de los aplausos, los gritos de aliento y Jump Around de House of Pain, mientras un locutor presenta a cada una de las participantes: “Por la liga 2x4, Barbie Turik, Pzycho Thrasher, Disturbio Santo, Nina Brava...”. El público se acomoda, en las gradas los más pacatos y en el suelo (justo en el límite de la pista donde está escrito “asientos suicidas”) los que no le temen a ser salpicados con la mezcla del sudor y la sangre de las patinadoras. 

Este nuevo deporte-espectáculo femenino sobre patines importado de Estados Unidos -que se volvió popular con la película Whip it de Drew Barrymore-, consiste en el enfrentamiento de dos equipos formados (cada uno) por cuatro bloqueadoras y una corredora. Las bloqueadoras de ambos equipos forman un compacto que recorre la pista en conjunto intentando que la corredora de su equipo logre pasarlo y que la contraria no. Todo esto se logra a fuerza de caderazos y empujones que sacan del perímetro de juego a la adversaria, quien debe reincorporarse justo detrás de quien la haya expulsado encima del público. La cantidad de veces que la corredora haya atravesado al pack de bloqueadoras enemigas se traducirá en los tantos para su equipo.  


A pesar de ser un deporte de choque y un espectáculo que gira en torno de la rudeza de las chicas, Barbie Turik –o María Marta Berdiñas, abogada, madre de tres hijos y parte del comité de legales de la liga nacional de Roller Derby- mientras se sorprende al encontrar su dedo gordo negro e hinchado, asegura que va mucho más allá del golpe: “Es más estratégico que de habilidad. La habilidad sin estrategia es Messi con la selección en el mundial anterior, no es Messi en el Barcelona. Lo que se busca acá es saber bien las reglas (de un manual de 100 páginas), y a partir de eso te perfeccionás”.

Disturbio Santo es Anita, una chica con voz de niña que adquirió su derby name por no ser precisamente tan delicada en los partidos, y recalca que el Derby no es una disciplina violenta sino “de contacto”: “En cuanto te pusiste violenta y fuiste a pegar con mala leche, te tenés que sacar los patines y sentarte”. Pzycho Thrasher, o Rocha para las amigas, una estudiante de comercio exterior que encabeza el comité de administración de la liga, explica que “la regla número uno es ‘don’t be a douchebag’, que significa ‘no te pases de listo’. Una deportista se hace la estrella, se pasa de viva o se caga en sus compañeras y está todo mal, no hay talento que la salve”. Está claro que a nadie le gustaría hacer la prueba de pasarse con el metro ochenta de Rocha.

Esa premisa tan clara de respeto por el prójimo y de noción de méritos de equipo es probablemente el motor de los logros de este grupo de chicas tan heterogéneas: en menos de dos años viajaron al mundial de Roller Derby en Canadá; formaron la 2x4 (la primera liga del país); armaron Violentango, el primer torneo local (mientras continúan reclutando más chicas para el deporte, difundiendo, entrenando a sus adversarias y capacitando a los árbitros); y ahora le suman la organización de una clínica de entrenamiento que se realizará en noviembre y a la que vendrán desde Estados Unidos las tres mejores jugadoras del mundo: Psycho Bable, Helen Wheels y DeRanged. 

Barbie está segura de que la suya es la mejor liga que hay y que habrá, Pzycho se suma a la afirmación y Disturbio va más allá: “Si no hubiera sido por nosotras las otras ligas no estarían pensando ni en jugar”. Lejos de regodearse en sus logros, toman cada paso como el envión para enfocarse en su lucha por hacer crecer y oficializar el Roller Derby.

Barbie remarca que el hecho de que ni la edad ni el aspecto físico sean limitantes para el Derby es un aspecto muy positivo porque “para la mujer es una reivindicación, es un hacerse desde cero”: “Acá había chicas que tenían un perfil muy bajo y ahora las ves que están hechas unas perras, que se ganaron un lugar. Todo eso fortalece su autoestima”.

Sus derby names son el bautismo de los personajes que entran a pelear el partido y tienen una relación directa con los roles estratégicos que cada una defiende con su cuerpo. No son ni Rocha, ni Anita, ni María Marta, ni la estudiante de comercio exterior, la corredora de una distribuidora, o la abogada. Pzycho Thrasher tiene bien claro que el alter ego “puede generar un objetivo”: “‘Yo quie-
ro ser tal cosa, voy a buscar tal cosa’. Una decide hacerse cargo de un nombre y ser esa. No es el que nadie eligió para mi, yo elegí mi nombre y mi número”. 


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